La era de la responsabilidad ecológica

Cómo ser sostenible sin renunciar a la tecnología

“La revolución está en manos del consumidor”, aseguraba hace 10 años Daniel Goleman en una entrevista publicada por El País. A través de su libro Inteligencia ecológica, el psicólogo advertía de la necesidad de poner en práctica un consumo sostenible, basado en las decisiones que tomamos cada día para disminuir de forma significativa la huella ecológica. Es decir, el impacto de las actividades humanas sobre el medioambiente.

¡Qué responsabilidad!

Escoger la procedencia del café que tomamos a primera hora de la mañana o comprar fruta de kilómetro 0… son pequeñas decisiones diarias que podemos llevar a cabo para marcar la diferencia. Ahora bien, el gran dilema se da cuando escogemos más allá de nuestras necesidades básicas. Hablamos de esos recursos y hábitos que nos ha generado la alta tecnología de los últimos 20 años y de las consecuencias de su producción y consumo en el planeta.

Vivimos una era en la que el 66% de la población mundial dispone de teléfono móvil. Ya hay más móviles que personas y se prevé que en 2020 más de 5.700 millones de personas estén conectadas mediante este dispositivo.

Con el incremento constante de la demanda, cada año generamos 41 millones de toneladas de residuos electrónicos, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Con esta actividad, junto a otras, hemos sobrepasado los límites de capacidad de regeneración del planeta. La gestión de estos desechos electrónicos, tan nocivos para el medio ambiente como para la salud, es todavía una asignatura muy pendiente para las autoridades gubernamentales en todo el mundo.

¿Qué podemos hacer entonces?

No podemos negar que la revolución tecnológica ha disminuido la brecha social entre millones de personas y ha favorecido el flujo de información entre países y culturas muy diversas, ya sea por causa o a consecuencia de la globalización. Ahora no podríamos volver atrás, por lo tanto, renunciar a la tecnología no es una opción viable ni realista. Sin embargo, sí sería un objetivo posible reducir la producción de las más de 800.000 unidades de dispositivos que se activan a diario apostando por la reutilización, una opción de consumo responsable que no deja atrás ni la innovación ni los beneficios que la industria tecnológica nos ofrece.

Hoy en día, tener un móvil en el bolsillo se ha hecho prácticamente indispensable para la mayoría de los mortales. Y si no, podéis observar que, mínimo, hay muchos hábitos diarios que realizamos con nuestro Smartphone y que estructuran nuestra vida. Ahora, con un dispositivo con acceso a internet, podemos estar en contacto con nuestra familia y amigos, llevar un negocio desde nuestra propia casa, o incluso realizar cursos y formaciones online; un acceso al conocimiento que de otro modo muchos no tendrían. Al final, el resultado de la balanza es más que positivo.

La oportunidad de poder cambiar y mejorar nuestra realidad ha crecido exponencialmente. La tecnología en nuestras manos no puede más que potenciar lo que ya somos.

¿Y tú? ¿Quieres ser eco-responsable?

 

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